Maria Soler. La generosidad de una maestra.

Written By: Pili Biarge - Ene• 01•13

Tributo a Maria Soler, profesora de música del Colegio Sant Jordi.

El cariño generoso de una maestra me ayudó y me enseñó con el ejemplo.

     Yo tenía 16 años y estaba tumbada en una cama de hospital tras una operación. A mi lado se encontraba mi profesora de música, Maria Soler, leyéndome en voz alta las historias de Don Camilo. Su lectura alejaba de mi cabeza la razón por la que yo estaba en el hospital y el hecho de que mis padres, atrapados en un complicado divorcio, no estuvieran allí.

Fuente: página de facebook de Libros y Literatura.

Fuente: página de facebook de Libros y Literatura.

     Escuchando el prólogo del libro, me imaginaba los paisajes  de la ribera del Po que tan bien describe Giovanni Guareschi cuando expresa el amor por su tierra. La senyoreta Maria acabó de leer, me entregó el libro y me preguntó si había algún lugar o país que yo amara por encima de otros. “Huesca” le contesté, acordándome de la tierra de mi abuela. Entonces ella me explicó que el país que ella amaba  era Cataluña. Mientras me lo decía, sentí que yo también amaba Cataluña.

      Cuando salí del hospital tardé tiempo en recuperarme y mi familia estaba ocupada en reorganizar su vida. Así que no supe de la “senyoreta Maria” en mucho tiempo. Durante años estuve esperando el momento en que yo supiera expresarle no sólo mi mejor recuerdo sino también mi agradecimiento por su generosidad para acompañarme durante el tiempo más difícil de mi enfermedad.

The_Book_of_Secrets_shaynart_com

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      Maria Soler había sido mi profesora de música en el Colegio Sant Jordi desde que yo tenía nueve años. Todavía recuerdo como la conocí: Todas las clases de “los mayores” estábamos reunidos en la clase del patio cuando nuestra nueva profesora se presentó y nos dijo que nos iba a enseñar una canción. Era una canción catalana y gracias a su manera de enseñar letra y música me sorprendí de mi misma cuando me di cuenta que entendía la canción a pesar de que yo no era capaz de hablar catalán. Con Maria Soler, desde el primer momento fue fácil. Aprendí a pronunciar las “eses” catalanas cantando.

     Siempre me había gustado cantar pero todavía no había vivido esa especial sensibilidad que mejora la entonación. Estuvimos aprendiendo la canción  y entonando otras melodías. Como ejercicio final nos pidió que intentáramos escribir una letra diferente que pudiera cantarse con la misma música. Ese ejercicio me entusiasmó porque pude utilizar mi creatividad, sentí que se esperaba de mi que demostrara lo que podía hacer y, cuando la Srta. Maria Soler se detuvo a felicitarme, me sentí feliz.

fuente de la imagen: http://aulap3bescastell.blogspot.com.es/

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      Durante años, Maria Soler nos enseñó a querer y a respetar la música. Cada vez que aparecía en nuestra clase, parábamos la actividad que estábamos haciendo y aprendíamos participando todos como un grupo.  Elevó el nivel de sensibilidad y cultura gracias a su simpatía y a su buen hacer. Gracias a ella, muchos alumnos decidieron estudiar solfeo y guitarra. Compañeros que no tenían éxito en otras asignaturas comprobaban que podían tener buen oído musical, inventar letras o melodías o cantar bien. Me acuerdo tanto de cantar a Joan Baez como de una danza popular mexicana o de escucharla atentamente cuando explicaba como los sentimientos de un padre pueden componer “A Teresa”

     Fue una profesora que practicó pronto la integración lingüística con los alumnos haciendo que todos aprendiéramos en nuestra lengua, en la de nuestros compañeros y conociendo músicas de todo el mundo. Nos enseñó lo que significaba la palabra “respeto” con su ejemplo.

Fuente de la imagen: página de facebook "Per Chi ama leggere"

Fuente de la imagen: página de facebook «Per Chi ama leggere»

     El verano  pasado, el 2012, mi madre me comunicó que Maria Soler había tenido una pérdida familiar importante y quise apoyar a quien tanto me había enseñado. Pedí a mi hijo Jordi que me acompañara al funeral y le expliqué por qué era tan importante para mi. Cuando llegué al lugar de la ceremonia empecé a dudar: habían pasado casi 40 años y temía no reconocerla. Tras acercarme por dos veces a dos señoras de su edad y equivocarme, vi caminar hacía mí a una anciana con las manos extendidas para tocarme. ¡Me había reconocido ella a mi!, y me volví a sentir acogida y querida como cuando era una niña. La reconocí en sus manos y en sus expresiones, la Maria de siempre.  No sabía muy bien como expresarle mi cariño ni mi admiración, mi agradecimiento. No estaba segura de que palabras podía para confortarla. Desde lo más profundo de mi corazón hubiera querido que no sufriera, ¿cómo decirle que siempre me había acordado de la ayuda que me prestó cuando yo más lo necesitaba? No era el momento adecuado y yo sólo podía estar allí intentando no inmiscuirme en una celebración familiar  e intentado dar apoyo con mi presencia. ¿Se acordaría nuestras lecturas? Le presenté a mi hijo maestro: la cuarta generación de una familia de maestros.

     Me estaba despidiendo de ella; la dejaba bien acompañada y rodeada por su familia. Me alejaba con mi hijo cuando Maria me preguntó: ¿sigues teniendo el libro de “Don Camilo”? Hace tiempo que no lo encuentro.

     ¡Un abrazo muy fuerte, Maria!

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2 Comments

  1. Mada dice:

    Pili me he emocionado al leer tan bellas palabras. La verdad es que después de leerlo tengo un deseo que algún día algún alumno mío tenga tan bellos recuerdos como tienes tú de tu profesora de música la senyoreta María. gracias por compartirlo. Muy bello

  2. Anónimo dice:

    Ostres Pili! M’ has deixat plorant! Es un record molt emotiu, saps plasmar en dos minuts la bellesa interior d’ aquesta mestra, ens mostres la seva gran vocació, mes enllà de la feina, estimant, respectant en tot moment als seus alumnes. Se’ n podria fer una pel.licula però escriu tu el guió, que redactes meravellosament, arribes al cor i als records propis que crèiem oblidats.

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