La escuela de Egea del Valle de Lierp, Provincia de Huesca

Written By: Pili Biarge - Ene• 01•13

      

Descripción de una escuela rural de Huesca en el año 1943.

      Egea del valle de Lierp está situada en un valle a la ladera del Turbón. Era una escuela mixta, es decir, de niños y niñas. Acudían todos los niños y niñas del pueblo y de los alrededores sin excepción. En total eran unos 16 niños desde los 6 años hasta los 14.

      Cuando los pueblos eran suficientemente grandes había una escuela para niños y otra para niñas. En ese caso había un maestro para los niños y una maestra para las niñas. En los pueblos pequeños la escuela era mixta para atender a todas las niñas y niños del pueblo. En ese caso la escuela siempre la atendía una maestra.

      La escuela estaba situada en el centro del pueblo. En aquella época los materiales eran escasos: había una pizarra, los pupitres de madera, la mesa y la silla de la maestra y una pequeña librería. Todo limpio, cuidado y conservado con esmero. Yo decía que libros habían de utilizar los alumnos y los padres los encargaban a la capital de la provincia, que era Huesca. En aquella época los libros los forrábamos con papel de estraza. Los alumnos estaban acostumbrados a ahorrar los lápices y el papel.

      Anexo a la casa estaba la escuela.

      En todos los pueblos los maestros teníamos derecho a vivienda y las personas del pueblo y el alcalde solían tener cuidado para que la maestra o maestro se sintieran a gusto y el pueblo tuviera escuela. Yo tuve suerte porque la casa de Egea del valle de Lierp era completamente nueva, el ayuntamiento del pueblo la había construido con ilusión para la nueva maestra y la estrené yo.  Era una casa bonita, incrustada en una roca.

      En el pueblo no había conducción de agua, así pues no teníamos agua en las casas, ni luz, ni calefacción. Las familias de los niños se encargaban de traer la leña para la estufa para que no pasáramos frio y de que a la escuela, y especialmente a la maestra, no les faltara ni leña para el fuego, ni agua,… Las niñas siempre se encargaban de llevar agua a la casa de la maestra.

      Los habitantes del pueblo valoraban la educación:

      Egea del valle de Lierp había tenido desde siempre una escuela con maestra. Por lo tanto en el pueblo la gente era suficientemente culta y estaba preparada para acoger a maestros. Había ilusión por mejorar la cultura.

      Los niños asistían regularmente a la escuela y acudían muy aseados, contentos con ganas de aprender y se portaban bien. Como era pueblo de montaña había casas cerca del pueblo con niños que acudían a la escuela. Los alumnos que venían de los alrededores se solían traer la comida que la tomaban en casa de algún pariente del pueblo.

      Como maestra del pueblo yo no sólo me encargaba de la escuela. Cuando se ponía el sol y llegaba la noche venían a la escuela “los mozos” de la zona para ampliar sus estudios. Eran jóvenes labradores que no habían llegado a los estudios superiores y cuando acababan sus tareas y encerraban a los animales por la noche venían a la escuela a seguir aprendiendo. En aquella época se llamaba “aprender las cuatro reglas” Hoy en día vendría a ser un graduado de secundaria. El objetivo era conseguir mejorar sus perspectivas de futuro, probablemente fuera del pueblo.

      Hacían un verdadero sacrificio porque al ser zona de montaña el invierno era largo y llegaban a la escuela cuando se hacía de noche y habían terminado sus trabajos de cuidar el ganado. Bajaban con medio metro de nieve desde la montaña hasta el valle donde estaba la escuela. Alguno llegaba a hacerse con unas tablas una especie de tablas de esquí para protegerse el calzado y poder llegar hasta la escuela cuando nevaba. Yo preparaba un recipiente con agua caliente para que pudieran calentarse las manos y pudieran escribir.

      Los que podían pagaban con dinero, ganado con sacrificios y gastado en estudiar. Los que no podían pagaban “en especie”: sus padres y ellos mismos me abastecían de todo lo necesario.

      Una maestra rural había de dirigir y administrar la escuela; además tenía otras responsabilidades en el pueblo. Era la encargada de la iglesia porque no había sacerdote. Un sacerdote venía una vez a la semana o cada 15 días a celebrar la misa y había de atender a varios pueblos, por eso no podía atender todo el trabajo y la maestra era la encargada de ayudar al sacerdote y de sustituirle cuando no estaba en el pueblo. Cuando cerraba la escuela había que cuidar el sagrario de la iglesia, rezar el rosario. Cuando había un enfermo o un moribundo en el pueblo, la familia llamaba a la maestra para hacer la recomendación del alma. También preparaba a los niños para la primera comunión o llevaba el Vía Crucis.

      En aquellos tiempos, en España, «no corría el dinero». Las familias compensaban los esfuerzos de la maestra proveyéndo sus necesidades. Le traían la comida, carne, huevos, fruta, verdura. Cada día una familia se turnaba para hornear el pan de la maestra. También la proveían de leña, agua,… Las maestras rurales solíamos estar bien atendidas.

      A pesar de mi juventud, había de asumir que una maestra rural era una autoridad en el pueblo.

      Amparo Garcés Pérez

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