La educación de Santiago Ramón y Cajal. 17 de octubre de 1934.

Written By: Pili Biarge - Ene• 01•13

     Reflexión sobre una anecdota de la educación de Santiago Ramón y Cajal.

     Santiago Ramón y Cajal fue un investigador médico español que obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1907. A pesar de que las jóvenes generaciones en España y en el extranjero apenas han oído hablar de sus investigaciones, los laboratorios siguen, a día de hoy, trabajando en base a sus descubrimientos en el campo de la histología y sigue siendo el investigador español más citado en la literatura científica.

     Hubo un tiempo en que todos los niños en la escuela aprendíamos la historia de Ramon y Cajal y llegado el día de su aniversario me ha parecido interesante repasar alguna anecdota de su vida de niño que nos permita reflexionar sobre el tipo de educación que le ayudó a ser un benefactor de la humanidad.

     Para mi, nuestro premio Nobel de Medicina no sólo era un mito para los que fuímos educados en el tiempo del franquismo en España sino que además fue un ejemplo a seguir de cómo se entendía la educación en tierras aragonesas y en familias de clase media. Mi abuela, para mejorar mi educación, solía contarme “el escarmiento” que el padre de Ramón y Cajal dió a su hijo para obligarle a estudiar. Era su ejemplo favorito para que yo no pensara nunca en dejar de estudiar.

     Mi abuela, Alberta Pérez Abad, era natural de Ayerbe, pueblo de unos 2.000 habitantes de la provincia de Huesca. Era de casa Francisco Pérez, y fue en el patio de la casa de sus padres donde el niño Ramón y Cajal trabajó como aprendiz de zapatero durante un período corto de tiempo.

     Contaba mi abuela que Ayerbe era un “buen pueblo”, bien situado y con tierras de regadío y  por lo tanto, en su pueblo siempre había habido dos médicos y Don Justo, el padre de Don Santiago había sido uno de ellos durante un tiempo. Contaba también que su familia solía ser asistida por el otro médico pero que era costumbre de la época, para las familias de labradores que se lo podían permitir, llamar a los dos médicos de pueblo “a consulta” cuando se trataba de un nacimiento o enfermedad grave. De esta manera su familia había sido asistida, quizás en su propio parto, por Don Justo Ramón, padre de nuestro investigador y el otro médico cuyo nombre, a pesar de la devoción con que era pronunciado por la mujer, no recuerdo. Mi abuela Alberta había nacido en el seno de una familia de labradores con “buenas tierras” por lo que había recibido una buena asistencia para la época.

     La anecdota que voy a narrar corresponde al tiempo que la familia del médico vivió en Ayerbe. Santiago Ramón y Cajal se recordaba como un niño “tremendo”, “espabilado”, al que no le gustaba estudiar y con dotes de liderazgo; sus travesuras y las de su “pandilla” habían afectado a la vida del pueblo durante un tiempo. Harto su padre de que su hijo no “rindiera” en la escuela se propuso darle una lección. Habló con un zapatero remendón que tenía alquilado un pequeño local o caseta de madera en el patio de casa Francisco Pérez, la casa de mi abuela y actualmente casa de mis primos Francisco y María Angeles, y llevó allí a su hijo para que aprendiera un oficio. “Si no quieres estudiar, habrás de aprender un oficio honrado” se solía decir en la época. Según me contaba mi abuela, para las buenas gentes de Ayerbe, aquello fue la muestra de que Don Justo educaba bien a su hijo y le enseñaba lo que es correcto. “Has de saber la vida tan dura y de trabajo que te espera si no quieres estudiar” decía mi abuela y, especialmente para mi, añadía: ” y no cuentes con que casándote lo arreglarás”

Años más tarde, ya  de mayor seguí con fervor una serie de la televisión española sobre la vida del premio Nobel. Viviendo la serie sentí emoción por conocer y aprender de tan insigne figura; ilusión por contemplar en la pantalla esos cielos de las tierras de Huesca, las pandillas de los niños como las que yo misma viví o me retrataba mi padre del pueblo de Aguas. Sin embargo, en contra de todo lo que oigo hablar sobre la influencia que la televisión tiene en nuestras vidas, en mi recuerdo vive más la anecdota que repitió mi abuela una y otra vez que las imágenes de la serie.

     Esta historia me acompañó toda mi infancia y mi juventud. De tantas veces que la oí, la sigo escuchando incluso años después de muerta mi abuela, la persona que más influyó en la educación de mis valores: “Si no quieres o no vales para estudiar, habrás de aprender un oficio” “Se trata de ser honrado” “Todo oficio, si es honrado, es digno” “Si eres honrado y trabajador, eres bueno” Estas enseñanzas no sólo las escuché, también escuché historias de las amigas de mi abuela sobre cómo la aplicaban a algún nieto o hijo… Fuí poco al colegio, pero cuando iba sacaba buenas notas. Mi abuela nunca me alabó en público aunque yo sabía que se sentía orgullosa de mí. En cambio, me repetia una y otra vez esta lección con sus propias reflexiones. Años más tarde, ella misma la hubo de aplicar con su sobrino Pablin, uno de mis primos más queridos, cuando lo acogió y comprobó que Pablo no había estudiado lo suficiente y ya tenía 14 años. Yo la ví llorar porque el chico no tendría la oportunidad de estudiar, pero mi abuela lo tenía claro: habría que ayudarle a tener oficio. Y así fue porque Pablo se aplicó.

Mi reflexión sobre esta anecdota es que un genio no sólo nace, también se hace. Se comprueba en pequeños detalles de su vida qué es lo que le ha ayudado a forjarse como es. El hecho de llevar a su hijo al taller de un zapatero, dignifica esa profesión que, de no recapacitar, hubiera podido ser la definitiva de un genio.

   Pili Biarge

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4 Comments

  1. MARIBEL dice:

    querida PILI ,en primer lugar te felicito por tu relato , hacía tiempo que no leía una historia tan bonita y a la vez tan real . Además me sorprende la casualidad , de tener tan próximo en lo que se refiere a tu querido pueblo aunque no hayais sido coetáneos , un premio Nobel como Santiago Ramón y Cajal
    .En cuanto al escarmiento que le da su padre , me parece fantástico ,Para empezar , como dicen los aragoneses : ..nobleza obliga …su padre lo deriva a un oficio pensando que le hará un hombre de provecho ,pues ello le exigirá un gran esfuerzo que se verá compensado al ser ün buen zapatero…su padre valora la cultura del esfuerzo . Tiene muy claro que no es un oficio que le degrade , Desea a su vez que no se convierta en un holgazán , le busca la solución al problema , como adulto que es, su padre , le orienta y le
    encamina para que ante esa situación , decida lo mejor…

  2. Anónimo dice:

    Una anécdota emocionante e interesante. Me ha gustado mucho,

  3. Pablo dice:

    Buen y real relato. Felicidades

  4. La educación de Santiago Ramón y ... dice:

    […] Reflexión sobre una anecdota de la educación de Santiago Ramón y Cajal. Santiago Ramón y Cajal fue un investigador médico español que obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1907.  […]

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